Llegó la navidad alardeando de bolsillos rotos, corteingleses y loteriados de ilusión. Llegó para hacer compañía al invierno frío, como debe ser, y frío, como no debe ser. El año pasado se hizo año presente con un simple cambio de cifra. Sólo eso. Volvieron a verse las caras la sinrazón y el despilfarro, el hijo y la madre, la hija y el padre, la tarjeta de crédito y el final de mes. Un año más, o menos (€uro arriba, €uro abajo), la época de la felicidad forzada forzó la duda del más sensible que, en ese momento, estaba sentado en la acera de una calle peatonal esperando la felicidad temporal que da el dinero temporal a los pobres permanentes.
Ayer hice una cosa bonita: apagué la televisión.
Algo normal. Pero pensé que podía ser un primer paso. Un primer paso para empezar algo nuevo. Como dejar un trabajo, pintar por primera vez en una pared o compartir con alguien un sentimiento. Un primer paso, me repetí. A partir de ese momento me ocuparía de lo que realmente me preocupa, no fingir algo que no siento, expresar lo que sí siento. Hablaría de cosas que me importaran. Hablaría de mí. De ti. De nosotros. De vosotros. De lo que nos duele. De porqué siendo tan diferentes parecemos todos iguales. De porqué para ser así tengo que vestir asá. Del paro que hay aquí y del que hay allá. De la muerte. Pensé en la muerte. Pensé largo tiempo en la muerte. Que lejana la había tenido hasta ahora. Que distante a pesar de verla todos los días en la televisión, en los periódicos, en la gente. De repente todo se hizo distinto. El niño muerto del telediario era yo. El marroquí de la patera era yo. El yonqui de la esquina era yo. La mujer con miedo era yo. El camarero del bar, la mendiga, el anciano, la puta. todo se relacionaba, y yo era parte de ese mecanismo. Apagué la televisión y miré mi vida. y la historia se empezó a mover otra vez. Conmigo.
Fuera. Ya estoy fuera, menos mal. No aguantaba ni un segundo más. Llevo tanto tiempo, tanto de mí desaprovechado. El gran invento humano: la rueda. Así todo es más fácil. El ciclo. Las repeticiones. Pisar caminos hasta que uno se revienta o se reinventa. Puro color entre dos oscuridades, que leí en alguna parte. Puro color.
Te respiro
En un abrir y abrir de ojos
Manos que se besan
Labios que se miman
Bocas que se pintan
En tus besos aguas mil